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Ya en el Antiguo Testamento invitó Dios a los hombres a la conversión de los pecados y les ofreció su misericordia.

En el Evangelio se nos repite este llamado a la conversión y a la penitencia con más fuerza, Jesucristo es el que se ofreció en sacrificio por nuestros pecados; no sólo por los nuestros, sino también por los de todo el mundo (1Jn 2,2). Jesucristo dio a los Apóstoles y a sus sucesores el poder de perdonar los pecados por el Bautismo y la Confesión.

¿Existe el perdón de los pecados?

Si, existe el perdón de los pecados porque Jesucristo dio a los Apóstoles el poder de perdonarlos para reconciliar al hombre con Dios y con los hermanos.
Como consecuencia del pecado original, nuestra vida en la tierra termina con la muerte. Adán pecó y entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte.

Pero no todo termina con la muerte. El alma, que es inmortal, se separa del cuerpo, pero sigue viviendo y recibe de Dios el premio o castigo merecido por sus obras hechas durante su vida terrena. Al fin del mundo resucitarán nuestros propios cuerpos y se unirán a sus almas. Entonces nuestro Señor Jesucristo vendrá con gloria y majestad a juzgar a todos los hombres, unidas ya las almas a sus propios cuerpos, para nunca más morir.

¿Qué es la muerte?

La muerte es la separación del alma y del cuerpo.

¿Qué quiere decir resurrección de la carne?

Resurrección de la carne quiere decir que, como Cristo resucitó, así también nosotros resucitaremos al fin del mundo, volviendo a unirse nuestras almas con nuestros propios cuerpos, para nunca más morir.

¿Para que resucitará nuestro cuerpo?

Nuestro cuerpo resucitará para ser juzgado juntamente con nuestra alma y recibir el premio o castigo eterno según hayan sido las obras que hiciera el hombre con su cuerpo y su alma.